
El cambio ya es una realidad, hoy vemos como Obama gana las elecciones, convirtiéndose así, en el primer presidente negro de Estados Unidos. Las encuestas le daban ganador y a pesar de que la sombra de un voto racista nos hacia sentir esa incertidumbre del "que pasara", los norteamericanos nos han dado hoy, una lección de que en pleno siglo XI, no podía repetirse el fenómeno Bradley.
Lo cierto es que votar demócrata estas elecciones era hacer historia, Obama o Hillary, cualquiera hubiese roto con los parámetros anteriores, esta vez no pudo ser, pero algún día tendremos una mujer presidenta, allí o aquí.
Por encima de la raza o del sexo, la fuerza de la ilusión, de una campaña impecable, ha vencido. Lo próximo es esperar que ese cambio llegue, de que ese sentimiento desbordado que ha acompañado a Obama hasta este día, no se desvanezca.